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Trump adopta la terrible política demócrata para Yemen

Durante el fin de semana, el presidente Trump ordenó decenas de ataques aéreos contra numerosos objetivos repartidos por todo el país de Yemen. El ejército de los EEUU afirmó que los ataques mataron a «múltiples» líderes del grupo Ansar Allah, más conocido como los  hutíes.  Hasta cincuenta y tres personas murieron por los bombardeos, entre ellas algunas mujeres y niños.

Los hutíes habían cesado su intento de bloqueo de la navegación israelí frente a las costas yemeníes en el Mar Rojo después de que Israel y Hamás alcanzaran un alto el fuego en enero. Pero después de que Israel bloqueara la entrada de ayuda y de todos los demás bienes en Gaza hace dos semanas, los hutíes anunciaron la semana pasada que reanudarían su «prohibición» de que los barcos israelíes entraran en las aguas que rodean Yemen. Al parecer, Trump bombardeó Yemen en respuesta a este anuncio.

El ex-presidente Biden había adoptado exactamente el mismo enfoque en respuesta al bloqueo de los hutíes. Las acciones de Trump durante el fin de semana dejan claro que pretende continuar con la política de Biden en Yemen. Y no es la primera vez que Trump sigue el ejemplo de un demócrata en Yemen.

Al igual que el actual gobierno de Ucrania, los hutíes se subieron a una ola de protestas masivas en 2014 y se hicieron con el control de la capital y de la gran mayoría del territorio poblado del país, provocando la huida del anterior presidente. Esto molestó a los dirigentes de Arabia Saudí, ya que el anterior presidente —Abed Rabbo Mansour Hadi— era un estrecho aliado suyo. Así que iniciaron una guerra en 2015 para intentar devolverlo al poder.

En aquel momento, la administración Obama acababa de negociar el JCPOA, o Acuerdo Nuclear con Irán, y sabía que los saudíes estaban molestos por ello. Los monarcas de Riad no querían que los EEUU se aliara con Irán, su principal rival en la región. Así que, para enfadar un poco menos a los saudíes, Obama decidió apoyar su guerra en Yemen.

En aquel momento, fue una especie de puñalada por la espalda, ya que los EEUU había estado trabajando con los hutíes —que eran, por entonces, el gobierno de facto de Yemen— para luchar contra Al Qaeda. Pero a esas alturas, el hecho de que la administración Obama luchara efectivamente del lado de Al Qaeda no era nada nuevo, así que los EEUU cambió de bando sin que gran parte de la opinión pública americana se diera cuenta.

La guerra saudí contra Yemen fue brutal. Implicó una intensa campaña aérea —dirigida principalmente contra infraestructuras civiles—, una ofensiva terrestre y un salvaje bloqueo que impidió el acceso de alimentos y medicinas a la población yemení. En efecto, los saudíes pusieron a Yemen bajo asedio, pensando que si la población empezaba a pasar hambre y a morir de enfermedades fácilmente curables, se volvería contra su nuevo gobierno y lo derrocaría en nombre de los saudíes. Pero a medida que la «guerra» entraba en su segundo año, la difícil situación del pueblo yemení empeoraba y Obama abandonaba la Casa Blanca; la estrategia de asedio no parecía funcionar.

Esa es la situación que heredó Trump cuando asumió el cargo en 2017. ¿Y qué hizo? Continuó la política de Obama y apoyó la guerra saudí durante todos y cada uno de los días de su primer mandato. El asedio de los EEUU-saudí a Yemen duró siete años en total. Mató al menos a 377.000 personas. Muchas murieron de cólera —una enfermedad que ni siquiera requería medicamentos para curarse, sólo agua limpia. El 70% de los muertos eran niños menores de cinco años.

Trump tendiendo un puente a los presidentes demócratas continuando con su horrible política en Yemen fue lo más vergonzoso que hizo en su primer mandato. Y cuando terminó en 2022, los hutíes siguieron en el poder. El resultado político fue el mismo que habría sido si Trump hubiera acabado con ella el primer día, —solo que ahora con mucho más odio dirigido hacia los Estados Unidos.

Hoy, volvemos a encontrarnos con el inicio de un mandato de Trump en el que ha decidido gobernar exactamente igual que los demócratas que le precedieron en lo que a Yemen se refiere.

Por supuesto, muchos republicanos no piensan así porque les están engañando para que vuelvan a la mentalidad de la era de George W. Bush, en la que los demócratas son débiles y tímidos en la escena mundial, mientras que los republicanos son duros y firmes y están dispuestos a bombardear a cualquiera que se interponga en su camino.

Pero la característica definitoria de la política exterior de Biden no fue la debilidad, sino la temeridad.

Su administración estropeó la retirada de Afganistán. Primero, cambió innecesariamente el calendario del acuerdo de Trump con los talibanes, preparando el terreno para un avance talibán mientras los americanos seguían allí. Luego, Biden y su equipo se negaron a admitir que la misión de construcción nacional había sido un completo fracaso y siguieron con la mentira de que el régimen de Kabul se mantendría hasta que se vieran obligados a luchar para sacar a los últimos americanos.

Más tarde, Biden se negó a responder a las preocupaciones rusas sobre las políticas anti-Kremlin de América en Ucrania y Bielorrusia, lo que contribuyó a dar a Putin suficiente apoyo público en Rusia para invadir Ucrania en 2022. A continuación, contribuyó a desbaratar un plan de paz inicial y animó a los ucranianos a librar en su lugar el tipo exacto de guerra de artillería convencional en la que Rusia siempre iba a tener ventaja.

Y, por último, después de que Hamás matara a cientos de civiles israelíes y tomara a cientos de rehenes en octubre de 2023, Biden apoyó sin rechistar a los partidarios de la línea dura del Likudnik que utilizaron el ataque como excusa para arrasar Gaza, —incluidos los edificios y túneles donde estaban retenidos los rehenes.

Ese enfoque dio a gente como los hutíes una fácil victoria de relaciones públicas en la región por utilizar la poca influencia que tenían sobre una parte de una ruta marítima para tratar de detenerla. En respuesta, por supuesto, Biden trató de detener a los hutíes lanzando bombas. Pero al hacerlo sólo envalentonó a los hutíes y les dio más credibilidad ante el pueblo yemení.

En política exterior, Biden no era un pelele sin carácter ni un pacifista con ojos de estrella. Su administración intervino con fuerza y violencia en múltiples conflictos al mismo tiempo. Y cada una de sus temerarias intervenciones condujo a más caos, más violencia y a un mundo más peligroso para el pueblo americano. Que Trump abandone el mandato de cambio que le llevó de nuevo a la Casa Blanca para seguir el ejemplo de Biden en Yemen es una mala señal de lo que está por venir. Porque seguir por este camino sería un tremendo error.

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Image Source: White House
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