En una reciente publicación de Springer, Marcos Falcone propone «Llevar la Escuela Austriaca al siglo XXI» adoptando las instituciones internacionales existentes como medio para maximizar la libertad global. Reconociendo que a menudo son justamente criticadas por ser burocráticas e ineficaces, Falcone sostiene que históricamente han contribuido al crecimiento económico y a la democratización y que todo lo que se necesita son dos reformas clave para reforzar la libertad dentro del actual orden internacional: la aplicación estricta del principio de subsidiariedad (según el cual las decisiones de gobierno se toman al nivel más local posible) y la aceptación de la secesión como proceso político legítimo.
El artículo recorre la justificación teórica de estas reformas a través de las obras de destacados economistas austriacos, como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek y Murray Rothbard. Falcone subraya cómo la subsidiariedad, cuando se aplica débilmente (por ejemplo, la versión de la Unión Europea), permite la extralimitación de las autoridades centralizadas y argumenta que una aplicación más estricta garantizaría que el poder siga siendo local, evitando el crecimiento burocrático innecesario y la ineficacia. Del mismo modo, la secesión se enmarca como una extensión de la autodeterminación, que permite a las comunidades políticas alinearse más estrechamente con sus preferencias.
Falcone utiliza a Suiza y a los primeros Estados Unidos como modelos para equilibrar la subsidiariedad y la secesión, argumentando que sus estructuras federales limitaban con éxito el poder centralizado al tiempo que preservaban la diversidad. En última instancia, Falcone sostiene que la aplicación de la subsidiariedad y la secesión fortalecerían las instituciones internacionales en lugar de debilitarlas, haciéndolas más responsables, flexibles y limitadas en su alcance. Las reformas fomentarían la competencia entre gobiernos, mejorando las políticas y aumentando la libertad.
Aunque debe quedar claro que Falcone tiene razón al citar a Rothbard como defensor de la secesión como algo esencial para la libertad individual, lo hizo porque veía la descentralización como un paso hacia la privatización total de la gobernanza, no hacia el mejor funcionamiento de las instituciones supranacionales. Una crítica rothbardiana completa cuestionaría varias premisas fundamentales del argumento de Falcone.
Los fallos en las premisas de Falcone
Desde una perspectiva estrictamente anarcocapitalista y voluntarista, la idea de «mejorar» las organizaciones internacionales en lugar de abolirlas es totalmente errónea, ya que estas organizaciones son inherentemente coercitivas, se financian mediante impuestos (robo) y sirven a los intereses de las élites políticas en lugar de a los de los individuos. Lo que se desea es avanzar hacia la verdadera libertad, no abogar por una forma «mejor» de estatismo.
1. Las organizaciones internacionales como entidades ilegítimas
En Naciones por Consentimiento, Rothbard rechaza la idea de que los Estados (o las organizaciones internacionales) deban tener el monopolio de la gobernanza. En su lugar, aboga por un mundo de asociaciones descentralizadas y voluntarias sin impuestos coercitivos ni control estatal. Falcone parte de la base de que las instituciones internacionales deberían reformarse para funcionar de forma más eficiente, pero Rothbard insistiría en que deberían eliminarse por completo, ya que son construcciones antinaturales que existen únicamente para servir a las élites políticas, no a los individuos.
2. La subsidiariedad es insuficiente — sólo la privatización garantiza la libertad
El artículo sostiene que la subsidiariedad estricta (en la que la toma de decisiones se traslada al nivel más bajo) es un medio de aumentar la libertad. Sin embargo, Rothbard rechazaría la subsidiariedad por ser una solución incompleta, ya que sigue asumiendo la existencia del poder gubernamental a cualquier nivel.
- La visión anarcocapitalista de Rothbard va más allá de la subsidiariedad: él sostendría que todas las funciones de gobierno deberían privatizarse.
- En virtud de la subsidiariedad, un gobierno local puede imponer políticas económicas restrictivas o violar los derechos de propiedad igual que lo haría un gobierno nacional. La cuestión no es el tamaño del gobierno, sino su propia existencia.
- En lugar de la subsidiariedad, Rothbard abogaría por agencias de seguridad privadas competidoras, arbitraje voluntario y estructuras jurídicas de libre mercado.
3. La secesión es buena — pero no suficiente
El artículo coincide correctamente con el firme apoyo de Rothbard a la secesión como derecho fundamental. Sin embargo, Rothbard probablemente llevaría la lógica más allá: la secesión no debería detenerse en el nivel del Estado-nación, sino continuar hasta el nivel individual.
- Rothbard sostiene que el objetivo último de la secesión no es sólo dividir los Estados en Estados más pequeños, sino eliminar el Estado por completo.
- En La ética de la libertad, sostiene que la secesión es una forma de asociación voluntaria: Si un barrio, una ciudad o incluso una sola persona quiere separarse, debe permitírsele hacerlo.
- El artículo sigue considerando inevitables los Estados-nación, pero Rothbard sostendría que el verdadero objetivo debería ser la desintegración del Estado en asociaciones puramente voluntarias.
4. No son necesarias organizaciones internacionales «más fuertes»
El artículo parte de la base de que las organizaciones internacionales podrían fortalecerse si limitaran su alcance y aceptaran la secesión. Una crítica rothbardiana sería que las organizaciones internacionales no deberían reforzarse en absoluto, sino abolirse.
- Organizaciones como la ONU, la UE y la OMC sólo existen gracias a la coerción estatal. Sin impuestos ni poder político, se derrumbarían.
- Rothbard probablemente argumentaría que, en lugar de «reforzarlas», deberían ser sustituidas por redes voluntarias de asociaciones comerciales, de arbitraje y de defensa privada.
- El autor da por supuestas las organizaciones internacionales, pero Rothbard diría que son construcciones artificiales al servicio de las élites políticas, no de individuos libres.
5. El mercado, no los gobiernos, debe facilitar el comercio y la cooperación
El artículo reconoce que el comercio internacional ha sacado a miles de millones de personas de la pobreza, pero atribuye el mérito de facilitar este comercio a instituciones internacionales como la OMC y el TLCAN. Rothbard sostendría que los mercados libres, no los gobiernos ni las burocracias, son los responsables del progreso económico.
- El comercio se produce a pesar de instituciones como la OMC, no gracias a ellas. Los gobiernos crean aranceles, normativas y barreras que obstaculizan el libre intercambio.
- Un punto de vista rothbardiano rechazaría los acuerdos comerciales gestionados y, en su lugar, apoyaría el verdadero libre comercio, es decir, la eliminación unilateral de todas las barreras comerciales sin depender de tratados internacionales.
Conclusión: El «mejor estatismo» de Falcone es inadecuado para los objetivos de la Escuela Austriaca
Aunque el artículo presenta una visión para una mayor descentralización, Rothbard encontraría errónea su premisa subyacente: a saber, que el sistema actual puede o debe mejorarse dentro de las estructuras internacionales existentes. En su lugar, una crítica rothbardiana abogaría por:
- Abolición de las organizaciones internacionales en lugar de su reforma.
- Privatización por encima de subsidiariedad: la descentralización es buena, pero la gobernanza privada es el verdadero objetivo.
- Secesión radical: no sólo para los Estados, sino también para los individuos y las comunidades voluntarias.
- Libre comercio a través de la asociación voluntaria, no de acuerdos internacionales.
- Eliminación de todas las entidades gubernamentales coercitivas en favor de sistemas jurídicos y de defensa privados.
En última instancia, desde una perspectiva rothbardiana, la mejor manera de maximizar la libertad no es mediante una mejor gobernanza, sino mediante la abolición total del Estado. Aunque el artículo de Falcone da pasos en la dirección correcta al apoyar la subsidiariedad y la secesión, no va lo suficientemente lejos como para desmantelar por completo el poder del Estado y sustituirlo por un sistema basado puramente en el consentimiento individual y la asociación voluntaria. En este sentido, el esfuerzo de Falcone es inadecuado para las necesidades de «Llevar la Escuela Austriaca al siglo XXI», ya que la escuela austriaca —al menos en su forma rothbardiana— no busca un «mejor estatismo», sino la libertad real.