Las limitaciones de las leyes económicas
Las leyes económicas representan el mundo real. No son ideologías ni objetos de culto. Estas leyes no son el producto de una lista de deseos ideológicos, sino que explican la producción y el intercambio.
Las leyes económicas representan el mundo real. No son ideologías ni objetos de culto. Estas leyes no son el producto de una lista de deseos ideológicos, sino que explican la producción y el intercambio.
La acción humana no es producto de nuestra imaginación ni una construcción social. La praxeología describe acciones reales e intencionadas de personas que actúan en función de lo que saben o creen que es cierto.
Los utópicos no se conforman con imponer la DEI a los humanos. También quieren que el Estado trate a los animales como minorías «oprimidas» con derechos positivos.
Mientras que F.A. Hayek veía la ignorancia humana como la base de lo que él llamaba orden espontáneo, Ludwig von Mises veía la razón humana como la base de la praxeología.
Las élites socialistas que dominan nuestras instituciones insisten en que la propiedad privada no es más que una construcción social sostenida por la violencia. Como de costumbre, no entienden que la propia escasez, que es la base de la economía, es también la base de la propiedad privada.
Los economistas de la corriente dominante insisten en que los datos por sí solos pueden explicar los acontecimientos económicos, lo que les permite poner a prueba las teorías económicas. En realidad, sin una teoría sólida, los datos carecen de sentido.
En contra de los teóricos críticos, que afirman que la razón humana no es más que una construcción social, la razón es comprensible y universal. No podemos abandonarla, porque si lo hacemos, abandonamos la libertad misma.
La praxeología es la clave para entender las relaciones económicas. Mientras que Ludwig von Mises hacía hincapié en la acción humana a la hora de realizar observaciones económicas, el filósofo cristiano Francis Schaeffer destacaba la importancia de cómo los individuos ven el mundo.
Mises era utilitarista, creía que la gente actuaba para mejorar su suerte debido a un malestar sentido que podía rectificarse a través de los mercados libres.
Los economistas utilizan la preferencia temporal para explicar la existencia del interés, pero la capacidad de las personas para posponer parte del consumo presente con el fin de ahorrar para el futuro tiene ramificaciones sociales mucho más amplias.